Expertos procedentes de organizaciones eclesiales de todo el mundo participan desde ayer en la reunión bienal de afiliados a COATNET (Christian Organizations Against Trafficking in Human Beings, Red de Organizaciones Cristianas contra el Tráfico de Seres Humanos) que se celebra en Madrid.

La situación de caos y violencia continúa azotando a la República Centroafricana, donde cerca de un millón de personas -aproximadamente una quinta parte de la población del país- han huido de sus hogares. Muchos de los desplazados están buscando refugio en iglesias, en mezquitas y en campos de refugiados improvisados, mientras otros se esconden en la selva. Cáritas y la Iglesia Católica están proporcionándoles toda la ayuda posible.

[Michelle Hough] Estoy en Madrid con un par de jeans ajustados que cuestan 16 euros. "¡Gran compra!", pensé cuando los conseguí la semana pasada. Ahora, mientras la gente debate sobre el trabajo forzado en la reunión sobre la trata, ya no estoy tan segura. "Así que fue de este modo como se cosieron estos jeans".

El secretario general de Cáritas Española, Sebastián Mora, se refirió ayer a los "signos de recuperación económica" a los que apunta el Gobierno y advirtió de que "las personas más pobres no están viendo los brotes verdes", en declaraciones realizadas durante la apertura de la tercera edición del curso de posgrado de la cátedra Inditex de Responsabilidad Civil de la Universidade da Coruña (UDC). Mora, que alertó también del "crecimiento del número de trabajadores pobres" en España, defendió la necesidad de un "salario social que permita a las familias tener una vida digna", y reclamó "vías de salida" para todos. "El túnel está lleno -dijo- y es importante que todos salgan del túnel, no sólo unos pocos".

[Entrevista de Jesús Bastante, en Religión Digital] Sebastián Mora es el Secretario General de Cáritas Española, organización a la que define como "la caridad organizada de la Iglesia". Observador privilegiado de la realidad social española, advierte que "la desigualdad social seguramente sea la herida más profunda que va a quedar tras estos años de crisis". También denuncia la "construcción social de la impotencia" como uno de los elementos simbólicos más dañinos de estos años de crisis, e intenta combatirlo con espiritualidad, comunidad y humildad.

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